Autocuidado

Storytime: Cómo Perder 10 Kilos Sin Dieta y No Recuperarlos

Perder 10 kilos sin hacer dieta no fue el resultado de una gran fuerza de voluntad heroica ni de una transformación exprés digna de redes sociales.

Fue, más bien, la consecuencia de dejar de hacer lo que nunca funcionó.

Durante años normalicé decisiones diarias que me alejaron de mi bienestar, hasta el punto de no reconocerme al mirarme al espejo.

No hubo dietas fallidas ni reglas imposibles: solo hábitos poco conscientes que, sumados con el tiempo, hicieron su efecto.

El cambio no empezó con una promesa radical, sino con algo mucho menos glamuroso: eliminar lo que sobraba.

Dejar de añadir calorías líquidas innecesarias, moverse un poco más, simplificar la alimentación y abandonar conductas que no aportaban nada real.

No intenté adelgazar. Intenté vivir mejor. Y el peso se ajustó como consecuencia, no como objetivo.

En este artículo te cuento qué hábitos abandoné, cuáles mantuve y por qué este enfoque es el único que me ha permitido perder peso y mantenerme sin esfuerzo constante.

Al final del artículo encontrarás 2 libros que necesitas leer para tu proceso de peso ideal y de aprender a cuidar tu cuerpo y tu alimentación.

Si dejo de practicar mi hábito un día, trato de practicarlo de nuevo al día siguiente o tan rápido como sea posible. Faltar a un entrenamiento es posible, pero no voy a perder dos entrenamientos consecutivos. Tal vez me comeré una pizza entera, pero la siguiente comida estará compuesta de alimentos saludables.

James Clear – Hábitos Atómicos

Descargo de responsabilidad: esta publicación puede contener enlaces de afiliados. Usarlos me da una pequeña comisión sin costo adicional para ti. Puedes leer mi divulgación completa aquí.

  • Storytime 1 – Cómo perdí 10 kilos sin dieta: Mi historia real de hábitos y cambio
  • Storytime 2 – Los hábitos que abandoné y cómo perdí peso sin dieta
  • Storytime 3 – Los hábitos que adopté para mantenerme en mi peso ideal
  • Parte práctica: Cómo cambiar hábitos y mantener tu peso ideal sin dieta
  • Errores comunes al intentar mantener tu peso ideal sin dieta y cómo evitarlos
  • Cómo medir tu progreso sin obsesionarte con la báscula
  • Todo lo que yo hice para perder 10 kilos sin dieta
  • Conclusión
  • Otros artículos que te interesarán

Juro decir la verdad y nada más que la verdad porque, como dijo nuestro querido Frank Suárez: la verdad siempre triunfa.

Yo siempre he tenido un peso normal y acorde a mi altura. Actualmente mido 170 cm y peso entre 60 y 62 kg. Llegué a pesar entre 70 y 72 kg.

Hubo un momento en el que dejé de reconocerme. No fue de golpe ni por un solo motivo. Fue una acumulación silenciosa de hábitos mal elegidos.

Tomaba medicación psiquiátrica que me hacía retener líquidos y, aunque sabía que mi cuerpo estaba cambiando, prefería no mirarlo demasiado.

Los fines de semana bebía alcohol como si fuera una forma legítima de desconectar.

Fumaba. Dormía de día y vivía de noche, convencida de que mi reloj biológico se adaptaría… spoiler: no lo hizo.

Comía a deshoras, casi siempre carbohidratos rápidos y refinados, cero comida real y ninguna intención de cuidarme.

El ejercicio no existía en mi rutina y el agua tampoco era una prioridad. Todo era improvisado, impulsivo y, curiosamente, normalizado.

No estaba “dejándome”. Estaba sobreviviendo como podía, pero el cuerpo no entiende de excusas emocionales. Solo acumula: inflamación, cansancio, peso y apatía.

Y mi cara empezó a reflejar exactamente cómo vivía: hinchada, apagada, sin energía, sin brillo y sin vitalidad.

Engordé porque no me respetaba lo suficiente como para cuidarme.

Y aunque durante mucho tiempo culpé a factores externos, la realidad era más incómoda: mis hábitos hablaban por mí, incluso cuando yo prefería callar.

Ese fue el punto de inflexión. No una dieta. No una promesa milagro. Solo una decisión silenciosa: dejar de tratar mi cuerpo como si fuera indestructible.

Dejar de hacer algo puede ser tan poderoso como empezar a hacerlo.

James Clear – Hábitos Atómicos

Perder 10 kilos no fue cuestión de fuerza de voluntad ni de planes extremos.

Fue dejar de hacer lo que me estaba saboteando y empezar a vivir de forma coherente con lo que quería para mi vida.

Empecé a leer, a informarme, a aprender sobre el cuerpo, la mente, los hábitos y la alimentación.

Mi objetivo no era adelgazar, sino mejorar mi vida, pero como siempre digo: tu interior se refleja en tu exterior.

Lo primero que hice fue dejar la medicación psiquiátrica. Comprendí que muchas veces nos hacen creer que necesitamos cosas que en realidad no necesitamos.

Obviamente, siempre hay excepciones; yo no estaba enferma, solo estaba desconectada, por eso siempre insisto tanto en recuperar la conexión con nosotras mismas.

Luego, volví poco a poco a un horario de sueño normal: dormir de noche y vivir de día. Me ayudé con melatonina en spray para enseñarle a mi cuerpo a descansar en el momento correcto (ya no la uso).

Después empecé a alimentarme mejor:

  • Nada de salsas excesivas como mayonesa o ketchup
  • Nada de refrescos azucarados
  • Nada de queso que me provocaba acné y candidiasis
  • Nada de carbohidratos refinados
  • Nada de comida artificial.

También dejé el alcohol por completo y, finalmente, el tabaco.

Mi nuevo propósito, convertirme en bailarina profesional, me motivó a mantenerme en forma: me apunté al gimnasio y cuidé mi cuerpo con constancia para poder rendir en los ensayos.

Adivina qué pasó: todo eso se reflejó en mi cuerpo y en mi cara. Sin dieta, sin milagros, solo coherencia, hábitos conscientes y decisiones que respetaban mi bienestar.

El éxito es el producto de hábitos diarios, no de transformaciones únicas.

James Clear – Hábitos Atómicos

Perder peso fue solo el primer paso. Mantenerme en mi peso ideal requirió consolidar hábitos que antes parecían triviales, pero que ahora marcan la diferencia cada día.

Primero, mantengo un horario de sueño constante. Dormir de noche y vivir de día ya no es negociable (siempre hay excepciones como días festivos o actuaciones por trabajo, pero no es la norma).

Esto regula energía, hambre y bienestar mental.

Segundo, mi alimentación es coherente, no restrictiva: carbohidratos enteros, proteínas REALES, grasas naturales, frutas y verduras, y cero ultraprocesados en mi día a día (tiene sentido, ¿no?).

Todo acompañado de agua, té o café. No se trata de privarse, sino de elegir conscientemente y comer comida real (nunca tomo refrescos porque son básicamente ingredientes artificiales).

También mantengo movimiento regular, aunque no obsesivo. Un par o tres de sesiones de ejercicio a la semana, combinadas con mis clases de baile, mantienen mi cuerpo fuerte y flexible.

Además, el autocuidado emocional y mental se volvió clave: leo, escribo en mi diario, agradezco, oro, y reviso cómo me siento para no volver a hábitos que me saboteen.

Nada de alcohol, tabaco ni adicciones. BAJO NINGÚNA EXCEPCIÓN, con esto si que no hay excepciones como con el horario de noche o algo de comida procesada en días puntuales.

Y cada decisión se siente como un acto de respeto hacia mí misma. Porque entendí que mantenerme en forma no es luchar contra mi cuerpo, sino apoyarlo y escucharlo.

👉 Si quieres unirte a este cambio de hábitos de forma guiada, mi Diario de Autoconocimiento te acompaña para establecer tu propósito y hábitos diarios, paso a paso.

Cada acción que realizas es un voto a favor de la persona en la que quieres convertirte.

James Clear – Hábitos Atómicos

1. Organiza tu día

  • Duerme y despierta a horas consistentes: Regular tu reloj biológico mejora energía, apetito y concentración. No es glamuroso, pero funciona.
  • Planifica tus comidas, aunque sea de forma simple: Tener un plan evita decisiones impulsivas y reduce el sabotaje. Prueba con un planificador semanal de menús para hacerlo más fácil.
  • Reserva tiempo para moverte: Aunque sean 20–30 minutos diarios, el cuerpo necesita actividad constante, no extrema. Incluso una caminata consciente suma.

2. Alimentación consciente

  • Prioriza comida real: Frutas, verduras, proteínas y carbohidratos integrales. Nada de obsesión, solo sentido común.
  • Evita ultraprocesados y combinaciones innecesarias: Salsas, quesos excesivos, refrescos o bollería industrial. Tu cuerpo lo agradecerá y tu piel y tu energía también.
  • Hidrátate constantemente: Bebe agua durante todo el día, y toma té o café, también leche y bebidas vegetales como leche de avena (observa los ingredientes antes de comprar). Zumos naturales también como naranjas exprimidas, nada de comprar zumos industriales porque no dejan de ser agua con azúcar y sabores artificiales. Y por supuesto, nada de refrescos. Las calorías líquidas inflan y desgastan tu energía.

3. Movimiento sostenible y disfrutable

  • Encuentra actividad física que disfrutes, no que odies: Baile, caminatas, gimnasio o yoga: la constancia gana siempre a la intensidad momentánea.
  • Convierte el movimiento en un hábito diario, no un castigo: Tu cuerpo te lo agradecerá a largo plazo.

4. Revisión y autocuidado emocional

  • Reflexiona sobre emociones que te llevan a comer de más de la cuenta o a sabotearte. Porque muchas veces engordamos por temas emocionales más que físicos.
  • Lleva un diario de sombras: Escribir te ayuda a entender patrones y tomar decisiones más conscientes. Las sombras no dejan de ser las razones por las que nos autosaboteamos. Descubre por qué te autosaboteas con mi Diario Guiado de Sombras.
  • Incorpora meditación, respiraciones o mini rituales diarios para resetear tu mente. Lo que te sea a ti efectivo, no hay normas.

5. Evita sabotajes innecesarios

  • Alcohol, tabaco y sustancias adictivas: Ninguna aporta energía real, ni descanso real, ni desconexión real, solo complicaciones y a la larga pueden ser muy peligrosas.
  • Medicación innecesaria: Siempre consulta con tu médico, pero no aceptes soluciones externas que no necesitas. Para ello segundas e incluso terceras opiniones son muy válidas y necesarias, o incluso confiar simplemente más en ti que en los demás a veces es lo mejor que puedes hacer.

Una vez fui a una consulta médica por un dolor de oído muy alto, y doctor literalmente nos explicó a mí y a mi madre gráficamente que debía rebanarme un trozo de tímpano porque estaba podrido.

Utilizó una manzana como ejemplo: dijo que cuando una manzana tiene un trozo podrido le quitamos el trozo podrido y nos la comemos tranquilamente.

Mi madre no dijo nada (yo era una niña pero lo recuerdo como si fuera ayer), y me llevó a otro médico.

Tenía una otitis simple sin complicaciones, y el dolor era tan alto porque el dolor de oídos es muy escandaloso, nada más. Con un antibiótico de amplio espectro se solucionó.

Pues con las cuestiones de la mente sucede lo mismo. Los médicos son humanos también y pueden cometer errores, no son Dios.

También añadir que toda mi vida he tenido acné severo, y la única solución que me proponían los médicos era tomar pastillas anticonceptivas.

Me negué a aceptar esa solución, y removí cielo y tierra para encontrar algo que no afectase al funcionamiento natural de mi cuerpo.

Y lo encontré.

6. Propósito y motivación

  • Encuentra un objetivo real que te inspire: Un proyecto, deporte o aprendizaje.
  • Tu propósito funciona como motor para tus hábitos: Cuidar de ti deja de ser obligación y se convierte en elección.
  • Apunta tus metas y avances en un seguidor diario de hábitos, para consolidar tu rutina, ver tu progreso y motivarte a ti misma a mejorar.

No te elevas al nivel de tus metas, caes al nivel de tus sistemas.

James Clear – Hábitos Atómicos

Mantener tu peso ideal sin dieta no significa que todo se haga solo ni que el cuerpo sea indulgente con cualquier decisión.

Incluso cuando no estás siguiendo una dieta estricta, hay errores sutiles que pueden sabotear tu progreso:

1. Saltarse comidas

No se trata de comer por obligación, sino de escuchar a tu cuerpo y no dejar que el hambre acumulada te haga perder control.

Saltarte varias horas de comida seguidas suele provocar bajones de energía, ansiedad y episodios de comer en exceso.

La clave es encontrar tu ritmo natural y mantener constancia sin forzar, para que tu cuerpo funcione con equilibrio y claridad.

Muy importante: no comer si no se tiene hambre, y comer si se tiene hambre, es así de sencillo.

No forzar el cuerpo a comer cuando no tienes hambre, y no forzar el cuerpo a no comer cuando sí tienes hambre. Puro sentido común.

2. Obsesionarse con las calorías

Te prometo que no he contado calorías en mi vida, ni siquiera sé cómo se hace.

Contar cada número puede volverse una obsesión inútil. No se trata de castigo, sino de alimentar tu cuerpo con calidad, no con miedo.

Yo como de todo, ya dije que no hago dieta. De hecho, alguna vez que salgo o cuando tengo la regla como “comida basura”, es decir, salsas, pizzas, hamburguesas, fritos…

Eso sí, nunca refrescos, pero esa elección es bastante personal, para mí los refrescos saben a jarabe con azúcar no los soporto.

Pero es la excepción, no la regla. Importante. Puedes comer cada día nutritivo y comer de vez en cuando un capricho o un exceso.

Lo importante es que el hábito no sea comer ese tipo de comida, sino la excepción.

3. «Días trampa» constantes

Usarlos como excusa semanal para excederte arruina cualquier hábito. La idea es equilibrio, no sabotaje repetido.

De nada sirve que estés toda la semana comiendo nutritivo para que llegue el fin de semana y puedas decir: «ahora comeré todo lo que no he comido durante la semana».

Para hacer esto, es mejor que te des un capricho durante el día cada día a que te descontroles todo un fin de semana.

4. Compararse con otros

Cada cuerpo, historia y ritmo es distinto. Lo que funciona para alguien más puede ser inútil para ti.

La comparación solo genera ansiedad y culpa. Aprende a reconocer tu cuerpo y lo que le sienta bien y mal.

Yo por ejemplo, tenía una gran obsesión con el queso de cualquier tipo y lo incluía en todas mis comidas (desayuno, comida y cena).

Hasta que me dí cuenta de que me provocaba acné y candidiasis.

Ahora solo como queso cuando voy a algún restaurante o en ocasiones especiales, y dejo un intervalo de mínimo un mes entre queso y queso.

Mini tip práctico:

Observa cómo te sientes, no solo cómo luces. Energía, digestión, concentración y estado de ánimo son mejores indicadores de progreso que la báscula.

El verdadero cambio de comportamiento es un cambio de identidad.

James Clear – Hábitos Atómicos

Mantener tu peso ideal no debería convertirse en una tortura frente a la báscula. El número en sí es solo un dato, no un reflejo completo de tu salud ni de tus hábitos.

Por ejemplo: Las mujeres que levantan peso musculan mucho y pesan el doble porque el músculo pesa más que la grasa y están saludables y fuertes.

Para valorar tu progreso de manera real, fíjate en indicadores que realmente importan, que no son el peso:

  • Energía diaria: ¿Te sientes con fuerza y vitalidad para afrontar el día, o constantemente cansada?
  • Estado de ánimo: Un cuerpo equilibrado se refleja en tu estabilidad emocional. Menos irritabilidad y más claridad mental son señales de que vas por buen camino.
  • Piel y rostro: Tu cutis, tu mirada, tu brillo, tu cabello, tus uñas y tu apariencia general reflejan lo que comes y cómo tratas tu cuerpo. ¿Qué ves cuando te miras al espejo?
  • Confianza y actitud: Cómo te sientes contigo misma, cómo caminas y tu actitud diaria dicen más que cualquier número.

Mini tip práctico:

Toma fotos mensuales de tu rostro y tu inflamación o anota sensaciones diarias en un diario.

Así tendrás un registro visual y emocional de tu progreso, sin obsesionarte con cifras que solo generan ansiedad y que además no son indicadores de un progreso real.

Los malos hábitos se repiten una y otra vez no porque no quieras cambiar, sino porque tienes el sistema equivocado.

James Clear – Hábitos Atómicos

1. Dejar la medicación psiquiátrica innecesaria

Aprendí sobre la mente y entendí que no la necesitaba.

Muchas veces nos hacen creer que dependemos y necesitamos ayudas externas cuando en realidad nuestro cuerpo y mente pueden funcionar sin ellas, de hecho estamos diseñados para eso.

Yo no estaba enferma, estaba desconectada de mí misma, vivía en piloto automático y eso me provocaba sensación de vacío y desconexión.

Encontrar un propósito me ayudó mil veces más que ninguna medicación que alteraba químicamente mis estados internos.

2. Recuperar un horario de sueño saludable

Dormir de noche y vivir de día cambió mi energía y metabolismo.

Usé melatonina en spray como herramienta para enseñarle a mi cuerpo a descansar en el momento correcto.

Hoy en día ya no uso nunca melatonina, mi cuerpo ya funciona con normalidad.

3. Alimentación consciente y sin ultraprocesados

Dejé salsas y quesos que solo agregaban calorías y problemas de piel. Ahora opto por acompañamientos más saludables:

  • Salsa de yogur (hecha por mí con ajo limón y especias)
  • Hummus natural
  • Hummus de berenjena
  • Salsa de miel y mostaza (que es súper saludable) hecha por mí también…

Eliminé carbohidratos refinados y comida industrial. Y sobre todo, algo que no soporto, las comidas con colores fluorescentes o colores que no son naturales.

Ahora como carbohidratos enteros que siguen manteniendo sus propiedades y nutrientes (sí, como pan cada día, y con mantequilla entera (NUNCA margarina) que es natural y tiene muchas propiedades.

Y además, como he dicho anteriormente, de vez en cuando sí como comida procesada. Por ejemplo ahora que ha sido Navidad he comido de todo la verdad.

Turrones, pasteles, pizza… las fiestas son excepciones, siempre y cuando en cuanto vuelvas a tu rutina normal sigas cuidándote como debes.

Sobre tema líquidos solo bebo agua, té y café, y zumos naturales hechos por mí o en algún sitio que sé seguro que no los hacen con siropes artificiales sino con fruta fresca.

Nada de refrescos ni zumos artificiales y mucho menos con colores artificiales. Literalmente, NADA NUNCA, con esto si que no hago excepciones.

4. Eliminar el alcohol por completo

Ni siquiera una copita de vez en cuando.

Mi cuerpo está totalmente desintoxicado de sustancias tóxicas (sí el aclohol lo es), por lo que es muy sensible a cualquier sustancia.

Nunca tomo, además, no lo hago a la fuerza, es que realmente no quiero hacerlo, no me gusta.

Pero esto también es un poco más personal.

De todas formas, el alcohol inflama, retiene líquidos y engorda, así que bueno, a nadie la hace daño no tomar alcohol.

5. Encontrar un propósito motivador

Convertirme en bailarina profesional me dio disciplina, motivación y un sentido de dirección que se reflejó en todos mis hábitos diarios.

De verdad, tener un por qué es muy importante para seguir adelante y no vivir en piloto automático y perdernos a nosotras mismas.

Para no ser marionetas sin criterio.

6. Ejercicio regular y disfrutable

Gimnasio, baile y movimiento consciente varias veces por semana. vNada extremo, solo consistencia.

Encuentra algo que te haga sentir bien, no tienes que forzarte a ejercitarte como loca, simplemente movimiento saludable que disfrutes.

7. Dejar el tabaco y cualquier sustancia adictiva

Porque nada suma a tu bienestar y todo lo que quita energía es sabotaje. Para mi esto es un NO negociable bajo ninguna circunstancia.

No puedo animar a nadie a tomarse una copita de vez en cuando, o fumarse un cigarrillo en una fiesta, ni admitir que por un día no pasa nada, porque no comparto ese pensamiento.

8. Informarme y educarme sobre hábitos, alimentación y bienestar

Leer, aprender y experimentar me permitió reemplazar hábitos dañinos por otros sostenibles.

Entender el porqué de cada acción cambió mi relación con mi cuerpo, con mi mente y con mis hábitos diarios.

Esto es muy importante porque cuando eres ignorante (yo lo era y aun sigo siéndolo en muchos temas), te crees todo lo que te dicen y eso es peligroso. Muy peligroso.

Hace poco fui a una doctora psiquiátrica a por unos informes antiguos de cuando tomaba medicación y me estuvo haciendo preguntas en la consulta.

Repito: solo fui a buscar unos informes antiguos que había perdido. Me estuvo sometiendo al tercer grado.

Por último me preguntó si dormía bien, le dije que sí, después añadió si cuando me despertaba a media noche para ir al baño podía volver a dormirme con normalidad. Mi respuesta de nuevo fue sí.

En ese momento cogió el talonario de recetas y salí de ahí con una receta de antidepresivos.

No le di ninguna señal de depresión, de hecho yo no tengo depresión, soy feliz y estoy probablemente en el mejor momento de mi vida.

Me recetó antidepresivos amiga mía. Yo creo que ya lo hacen por contrato porque sino no lo entiendo.

Mini tip práctico:

Puedes usar esta lista de hábitos como checklist personal: táchalo día a día, adáptalo a tu vida y convierte cada hábito en un pequeño triunfo hacia tu versión más saludable y equilibrada.

Te recomiendo que identifiques qué hábitos poco saludables están saboteando tu vida para que puedas reemplazarlos o eliminarlos.

Mejorar un 1% cada día no es notable a corto plazo, pero es extraordinario a largo plazo.

James Clear – Hábitos Atómicos

1. Metabolismo ultrapoderoso – Frank Suárez

Uno de los libros que más claridad me dio en este proceso fue “El Metabolismo Ultra Poderoso” de Frank Suárez.

No promete milagros ni dietas absurdas, sino comprender cómo funciona realmente tu cuerpo.

A través de explicaciones sencillas, Frank te ayuda a identificar hábitos que inflaman, desajustan el metabolismo y te hacen ganar peso sin darte cuenta.

Leerlo fue un punto de inflexión: dejé de luchar contra mi cuerpo y empecé a trabajar con él, respetando sus ritmos, señales y necesidades reales.

Si quieres perder peso sin castigo ni confusión, este libro es una base sólida para empezar con criterio y conciencia.

Además de que Frank Suárez era un santo.

2. Hábitos atómicos – James Clear

Otro libro clave en mi proceso fue “Hábitos Atómicos” de James Clear.

Más que hablar de fuerza de voluntad, te enseña algo mucho más efectivo: cómo los pequeños hábitos diarios crean cambios reales y sostenibles.

Con él comprendí que no necesitaba transformarlo todo de golpe, sino ajustar detalles: dormir mejor, comer con más conciencia, moverme un poco más cada día.

James explica por qué mejorar solo un 1% diario acaba cambiándolo todo.

Este libro fue fundamental para dejar de exigirme resultados rápidos y empezar a construir una vida coherente, donde el peso ideal es una consecuencia natural, no una obsesión.

Perder 10 kilos sin dieta no fue un milagro, fue una serie de decisiones conscientes y coherentes.

Cambiar hábitos dañinos, reconectar con mi propósito y escuchar a mi cuerpo transformó no solo mi figura, sino también mi energía, mi mente, el brillo de mi cara y mi confianza.

El verdadero secreto no está en la restricción, sino en la constancia, la inteligencia al elegir y el autocuidado diario.

Cada pequeño cambio, desde dormir mejor hasta mover el cuerpo con intención, se refleja en tu exterior y fortalece tu bienestar interno.

Esta es mi historia sobre cómo engordé 10 kilos y sobre cómo perdí esos mismos kilos sin dietas raras, restrictivas y opresoras. Simplemente con coherencia y sentido común.

Si quieres dar un paso práctico hacia tu propia transformación, mi Diario Guiado de Autoconocimiento y seguidor de hábitos te acompañarán para:

  • Definir tu propósito
  • Organizar tus rutinas
  • Mantener resultados sostenibles sin sacrificios extremos

Empieza hoy: invierte en tus hábitos, respeta tu cuerpo y observa cómo tu interior se refleja en tu exterior.

También puede gustarte...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *